Existe un viejo concepto en el mundo del Futbol, que sin embargo en la actualidad está bastante devaluado, que es el “amor a la camiseta”. La pasión que despiertan los colores de la camiseta de algún equipo, puede llegar fácilmente desbordarse hasta grados criminales.
En Argentina, actualmente se discute el mismo Congreso de los Diputados sobre el problema de la violencia en los estadios, principalmente promovida por las “Barras Bravas” de los diferentes equipos, que llegan a provocar la suspensión de partidos, a parar el torneo local, ó a extorsionar a los propios jugadores para que pierdan y perjudiquen al rival histórico.
En Holanda, a mediados de los noventa, los seguidores del Ajax de Amsterdam y del Feyenoord se convocaron a través del internet en un hermoso campo de tulipanes, y con molinos de fondo, para darse una golpiza al más puro estilo de “Gangs of New York”.
En Inglaterra, a pesar que nunca ha habido una particular violencia entre los seguidores de los clubes locales, el fenómeno de los “Hooligans” en los años ochenta, era un azote que aparecía allá en donde jugaba la selección de Inglaterra. La FIFA tuvo que amenazar al “Equipo de la Rosa” con prohibirle participar en cualquier evento internacional para que las autoridades inglesas pusieran a Scotland Yard a trabajar en la erradicación de este problema.
Está claro que estos son ejemplos de una mal comprendida pasión por su equipo preferido. Sin embargo el hecho de estar dispuesto a arriesgar la integridad física, o incluso la muerte por los colores de un equipo de futbol habla, más allá de la locura en la que está envuelto el Futbol Moderno, del grado de pasión que puede llegar a despertar en el ser humano un deporte al que Ángel Fernández, el célebre comentarista, dio por llamar en un ataque de genialidad como “el juego del hombre”.
De esta pasión nacen fenómenos como “La Doce”, “Los Borrachos del Tablón”, “La Perra Brava”, “La Pasión Rojinegra”, “La Monumental”, “La Rebell”, “Los Boixos Nois”, ó “La Ultra Sur” por mencionar algunos. Y esta pasión provoca que le vayas a tu equipo “aunque gane” ó que lo consideres “más que un club”.
En todos los países del mundo, las diferentes rivalidades locales obviamente se han manifestado en el deporte. De ahí han nacido los grandes “Clásicos” ó “Derbys”, como pueden ser por ejemplo un Real Madrid- Barcelona, un Boca Juniors- River Plate, un Inter- Milán, un Chelsea- Arsenal, un Nacional- Peñarol, ó un América- Chivas, entre otros, que levantan pasiones más allá de las fronteras naturales de sus propios países, más ahora en la época de la “Cultura Global”.
Esta rivalidad ocasiona la identificación plena de ciertos jugadores con algunos equipos. Es impensable ver a Enzo Francescoli con la camiseta de Boca Juniors, ó a Maradonna con la de River Plate, a pesar que ninguno de los dos nació futbolísticamente en los clubes en donde se consagraron. En el Futbol Argentino son contados los casos de jugadores que hayan jugado en Boca Juniors y en River Plate, pues en los ojos de los aficionados esto resulta una verdadera traición. Algunos jugadores que me vienen a la mente que vistieron las dos camisetas son: Gabriel Omar Batistuta, Claudio Canighia, Oscar Ruggieri, y Milton Melgar, el volante boliviano de finales de los ochenta, aunque estoy seguro que algún otro más habrá.
Hace un par de años, causó un grán enojo en la afición del Barcelona, el traspaso de Luis Figo al odiado rival del Real Madrid. Florentino Pérez, el que en ese momento acababa de ser nombrado presidente del conjunto merengue, presentaba un proyecto que con el tiempo sería bautizado como el de “los Zidanes y Pavones”, y utilizaba a Luis Figo, considerado como uno de los capitanes del Barça, como la carta- insignia de su candidatura. Es por eso que durante el primer “Derby” en que Figo visitó la Ciudad Condal vistiendo la camiseta del Real Madrid, el público en el Estadio Azulgrana se ensaño particularmente con él, le echaron de todo, desde orines hasta una cabeza de cerdo, blandían muñecas inflables, y le recordaron a toda la perentela y hasta de lo que se iba a morir.
Lo que llama mucho la atención es que Figo no era ni de lejos, el primer jugador que vistió ambas camisetas. Jugadores como Bernd Schuster, Michael Laudrup, Luis Enrique, Ronaldo, Celades ó Samuel Eto´o han vestidos las dos camisetas sin que causara tanto encono. De hecho Alfrédo Di Stéfano, que es considerado como un símbolo del madridismo, originalmente iba a ser fichado por el Barcelona, y llegó a jugar tres partidos amistosos con la camiseta azulgrana. Sin embargo, luego hubo una controversia en la que el Barcelona acusaba al gobierno franquista de la época, en interceder para que el jugador fichara por el Real Madrid, equipo en el que hizo una carrera impresionante.
En México, un total de 28 jugadores han vestido las camisetas del América y de las Chivas de Guadalara. El primero en cambiar de bando fue el portero Salvador Mota, quien defendió la casaca del América en la primera campaña profesional en México (1943-44) y pasó al Guadalajara en el siguiente año. El más reciente es Christian Ramírez, quien jugó con América en el ciclo 2003-2004 y llegó a las Chivas en el torneo pasado, aunque sólo ha jugado un partido de liga y uno de la Copa Libertadores. En cuanto a directores técnicos, Carlos Miloc, Ricardo La Volpe, Miguel Ángel López y Leo Beenhakker han dirigido a ambos, de hecho, el holandés estuvo al frente del América, después de Chivas y volvió con las Águilas. En los actuales planteles, hay cuatro jugadores que han estado en ambos bandos, Álvaro Ortiz y Jesús Mendoza con América, mientras que del lado de Chivas son Oswaldo Sánchez y Christian Ramírez.
Estos son algunos ejemplos alrededor del mundo de lo devaluado que puede llegar a estar ese concepto del “amor a la camiseta”, y es que en Futbol Moderno el nuevo concepto que cobra cada vez más fuerza es el de “Ser un profesional”. Es decir que por ejemplo a la pregunta: “¿Jugarías en Boca Juniors si toda la vida has jugado en River Plate?” Cada vez se escucha más la respuesta: “Yo soy un profesional…” Es decir yo juego en donde me paguen lo que estoy pidiendo.
Es por esto que tenemos casos como el de Oswaldo Sánchez, portero y capitán de la Selección Nacional, que defendió durante once años la portería de las Chivas del Guadalajara, y en donde se volvió un símbolo absoluto, aunque también jugó en Atlas y América. A pesar de haber manifestado que sólo dejaría al club de sus amores para irse a jugar al extranjero, pues era un sueño que quería cumplir antes del retiro, ahí lo tenemos como la flamante nueva contratación del Santos de la Laguna. Y es que como decía Willy Colón en una de sus canciones: “Con la plata baila el mono…”
Seastián del Amo
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miércoles, 10 de enero de 2007
GANAR CON LO JUSTO…
El pasado domingo, tuve oportunidad de ir al Estadio Azteca para ver a mi querido Atlas contra el América. Sobra decir que era el único zorro en el gallinero. Una de las mejores cosas de la tarde fue que me tocó de vecino Ausencio Cruz, el antiguo compañero de Victor Trujillo (y hoy por hoy debo decir que el simpático del dueto), que estaba ahí acompañando a sus hijos, que son águilas, y él, al ser rayado, pues es de Monterrey, se volvió mi cómplice en medio de tanto pollo. Seguramente le causaba gracia la manera con la que sufría con cada acercamiento del Atlas.
No saben cómo grité el gol de Guardado. Golazo. Luego me desgañité con el gol de Osorno. En ese momento, Ausencio me dijo una cosa que me dejó pensando: “Ojalá que el Atlas no meta gol ahorita, porque si no se va p´atrás, que aguanten tantito y lo metan en su momento…”
En el medio tiempo nos pusimos a comentar cómo los futbolistas mexicanos quieren siempre jugar con los marcadores y nunca les sale, y cómo los directores técnicos nomás no aprenden y siguen jugando al marcador.
Comenzó el segundo tiempo y casi me vuelvo loco con el gol del “Tripa” Pérez. Qué golazo. Impresionante.
A partir de ese momento, sucedió lo que siempre sucede, y en particular siempre le sucede al Atlas.
El América comenzó a jugar, pues hasta que no se vió perdiendo la série intentó manejar el resultado. Romano por su parte sacó a Daniel Osorno, y poco tiempo después sacó a Rodallega, renunciando por completo al ataque, e intentando defender la pequeña ventaja. Resultado: el América los mató gracias al golazo de Cuauhtémoc. El gol de Cabañas fue causado por una desconcentración defensiva, pues el lateral atlista pudo haber cortado la bola, y luego se entregó por acelerado para el recorte del paraguayo. Y finalmente el tercero, del “Gringo” Castro, fue producto de un error majadero en la salida del lateral, y que luego fue desviado por la defensa, que intentaba desviarla a la desesperada.
Más allá del resultado, que me duele pues voy a tener que pagar varias apuestas, lo que más me llamó la atención del partido es esa maldita vocación del futbolista mexicano de ganar siempre por lo justo. Otra persona que estaba a mi lado y que se pasó toda la tarde cantando esa de “Vamos América, que esta tarde tenemos que ganar” me dijo: “Nomás renunciaron al ataque y se los lllevó la chingada… Mientras nos atacaron, nos hicieron tres goles…” Y es que este partido fue un perfecto ejemplo de ese vicio que tiene arraigado el futbolista mexicano. El América no comenzó a jugar hasta que no se vió eliminado, a partir de ese momento lo remontó para mi desgracia relativamente fácil. Pero lo que no comprendo es por qué no comenzó a jugar antes, si sólo tenía que meter un golecito. Por otro lado el Atlas, después de haber hecho una auténtica hombrada, después de haberse levantado de la lona y contra cualquier pronóstico, apenas quizo manejar el marcador, fue un auténtico desastre, no sólo perdió la série, sino que se dejó empatar un partido que tenía ganado.
Y es que eso es una cosa realmente preocupante en el futbol mexicano. Valdría la pena analizar cuántos pero durante el torneo de liga hubo una gran cantidad de partidos en los que un equipo iba ganando por dos o más goles y se dejó empatar o incluso terminó perdiendo. Hay que partir del principio que en México no sabemos manejar los partidos, y esto generalmente se traduce a nivel selección en donde no sabemos administrar la ventaja, y estamos más nerviosos cuando vamos ganando que cuando vamos perdiendo. Incluso la porra que define al público mexicano, la de “Sí se puede…” es una porra para venir de atrás, no para ir avasallando al contrario, incluso hay gente que dice que es una porra de perdedores. La pregunta es por qué pretendemos seguir jugando al marcador si no sabemos.
Recuerdo hace años, una semifinal entre el Atlante de Lavolpe y el Cruz Azul de Galindo y Hermosillo, en la que de hecho jugaba Romano, y cuando todavía era el Estadio Azulgrana, en la que el Atlante estaba defendiendo el marcador a pesar que estaba perdiendo la série, y es que les habían salido mal las cuentas. El sonido local tuvo que anunciar que con ese marcador perdía el Atlante, para que los potros se lanzaran desbocados en busca de un gol que nunca llegó, y fueron eliminados. Es el cuento de nunca acabar.
Esperemos que parte de la “mentalidad ganadora” que se supone que Hugo le va a infundir al futbolista mexicano sea esa, jugar siempre al frente y proponiendo porque está claro que no sabemos manejar los partidos. Basta ya de pretender ganar con lo justo. ¿No que la mejor defensa es el ataque?…
Sebastián del Amo
No saben cómo grité el gol de Guardado. Golazo. Luego me desgañité con el gol de Osorno. En ese momento, Ausencio me dijo una cosa que me dejó pensando: “Ojalá que el Atlas no meta gol ahorita, porque si no se va p´atrás, que aguanten tantito y lo metan en su momento…”
En el medio tiempo nos pusimos a comentar cómo los futbolistas mexicanos quieren siempre jugar con los marcadores y nunca les sale, y cómo los directores técnicos nomás no aprenden y siguen jugando al marcador.
Comenzó el segundo tiempo y casi me vuelvo loco con el gol del “Tripa” Pérez. Qué golazo. Impresionante.
A partir de ese momento, sucedió lo que siempre sucede, y en particular siempre le sucede al Atlas.
El América comenzó a jugar, pues hasta que no se vió perdiendo la série intentó manejar el resultado. Romano por su parte sacó a Daniel Osorno, y poco tiempo después sacó a Rodallega, renunciando por completo al ataque, e intentando defender la pequeña ventaja. Resultado: el América los mató gracias al golazo de Cuauhtémoc. El gol de Cabañas fue causado por una desconcentración defensiva, pues el lateral atlista pudo haber cortado la bola, y luego se entregó por acelerado para el recorte del paraguayo. Y finalmente el tercero, del “Gringo” Castro, fue producto de un error majadero en la salida del lateral, y que luego fue desviado por la defensa, que intentaba desviarla a la desesperada.
Más allá del resultado, que me duele pues voy a tener que pagar varias apuestas, lo que más me llamó la atención del partido es esa maldita vocación del futbolista mexicano de ganar siempre por lo justo. Otra persona que estaba a mi lado y que se pasó toda la tarde cantando esa de “Vamos América, que esta tarde tenemos que ganar” me dijo: “Nomás renunciaron al ataque y se los lllevó la chingada… Mientras nos atacaron, nos hicieron tres goles…” Y es que este partido fue un perfecto ejemplo de ese vicio que tiene arraigado el futbolista mexicano. El América no comenzó a jugar hasta que no se vió eliminado, a partir de ese momento lo remontó para mi desgracia relativamente fácil. Pero lo que no comprendo es por qué no comenzó a jugar antes, si sólo tenía que meter un golecito. Por otro lado el Atlas, después de haber hecho una auténtica hombrada, después de haberse levantado de la lona y contra cualquier pronóstico, apenas quizo manejar el marcador, fue un auténtico desastre, no sólo perdió la série, sino que se dejó empatar un partido que tenía ganado.
Y es que eso es una cosa realmente preocupante en el futbol mexicano. Valdría la pena analizar cuántos pero durante el torneo de liga hubo una gran cantidad de partidos en los que un equipo iba ganando por dos o más goles y se dejó empatar o incluso terminó perdiendo. Hay que partir del principio que en México no sabemos manejar los partidos, y esto generalmente se traduce a nivel selección en donde no sabemos administrar la ventaja, y estamos más nerviosos cuando vamos ganando que cuando vamos perdiendo. Incluso la porra que define al público mexicano, la de “Sí se puede…” es una porra para venir de atrás, no para ir avasallando al contrario, incluso hay gente que dice que es una porra de perdedores. La pregunta es por qué pretendemos seguir jugando al marcador si no sabemos.
Recuerdo hace años, una semifinal entre el Atlante de Lavolpe y el Cruz Azul de Galindo y Hermosillo, en la que de hecho jugaba Romano, y cuando todavía era el Estadio Azulgrana, en la que el Atlante estaba defendiendo el marcador a pesar que estaba perdiendo la série, y es que les habían salido mal las cuentas. El sonido local tuvo que anunciar que con ese marcador perdía el Atlante, para que los potros se lanzaran desbocados en busca de un gol que nunca llegó, y fueron eliminados. Es el cuento de nunca acabar.
Esperemos que parte de la “mentalidad ganadora” que se supone que Hugo le va a infundir al futbolista mexicano sea esa, jugar siempre al frente y proponiendo porque está claro que no sabemos manejar los partidos. Basta ya de pretender ganar con lo justo. ¿No que la mejor defensa es el ataque?…
Sebastián del Amo
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